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Entrevista a Elena Palacios, voluntaria de Cáritas Diocesana Ciudad Rodrigo en Ecuador

Cáritas Diocesana Ciudad Rodrigo ha realizado una entrevista con una de sus voluntarias: Elena Palacios, que ha realizado un voluntariado en Ecuador

Cáritas Diocesana Ciudad Rodrigo participa por primera vez en un proyecto de voluntariado joven internacional promovido junto a otras Cáritas de Castilla y León. La joven Elena Palacios Plaza ha colaborado como voluntaria con la labor de Cáritas Puyo en Ecuador durante el mes de julio junto a otros nueve jóvenes de la región castellanoleonesa. Para ella la experiencia ha sido inolvidable, le ha enseñado la importancia de la Comunidad y le ha sorprendido cómo viven la fe en estas tierras amazónicas.

¿Por qué decidiste participar en este proyecto como voluntaria?

Íbamos a conocer una cultura diferente. Yo soy voluntaria de Cáritas desde los 19 años, y esto es otra manera de conocer voluntarios de otro país y sensibilizarte sobre el cambio climático, la naturaleza, la Amazonía.

¿Cómo os preparasteis para ir a este voluntariado?

Hicimos una formación de un día en Palencia, donde conocimos a los delegados de otras Cáritas y a las personas con las que íbamos a ir a Ecuador. En junio, tuvimos un fin de semana, donde nos contaron qué íbamos a hacer, dónde íbamos a estar y conocimos a varias personas con las que después hemos estado.

Cuando llegasteis allí ¿Cuál fue tu primera impresión?

Era una ciudad en plena selva. Me llamó la atención lo colorido de las casas, las diferencias que había de una casa a otra, allí hay mucha diferencia entre las clases sociales. Me sorprendió que la radio, que fuimos en los primeros días, era de la Iglesia, la llevaban personas de Cáritas. Había mucha naturaleza, árboles, llovía casi todos los días. Era muy sorprendente.

Al principio, estuviste trabajando en el proyecto “Encuentro” de Cáritas ¿qué es?

Es una escuela para niños de unos 5-6 años hasta los 16-17 años. Está destinado a comunidad indígena, es decir vienen sólo a Puyo al colegio y lo llevan unas hermanas religiosas, depende del vicariato apostólico de Puyo. Ellos en verano hacen un campamento urbano y nosotros nos dividimos por grupos de edades, había unos 150 niños, y estuvimos trabajando con los profesores, nosotros éramos un monitor más. Mi grupo era noveno, 14/15 años y eran fantásticos.

¿Estuviste allí la primera semana?

Sí, la primera semana, el grupo de voluntarios de Castilla y León se dividió. Unos compañeros fueron a Canelos que es la ultima comunidad antes de entrar en la selva amazónica, el último pueblo hasta donde llega la carretera. Los otros cinco estuvimos en el proyecto “Encuentro” donde hicimos actividades con los niños: manualidades, pulseras, un video con un espectáculo final, visita a un parque acuático, … El trabajo de voluntariado era de lunes a viernes. El sábado fuimos a conocer la zona, visitamos la cascada de Olavida y el domingo la catedral de Puyo, donde iban más de trescientas personas participaron en la misa, muchas familias con niños. Me sorprendió que incluso los policías dejaban lo que estaban haciendo para ir a la Iglesia.

Después entraste en contacto con una comunidad indígena, en Sarayacu.

Sí. Sarayacu es una comunidad indígena que está dentro de la selva amazónica, para llegar hasta allí fuimos cuatro horas en una canoa. Al llegar nos esperaban un montón de niños, la comunidad, y estuvimos en la parroquia de Sarayacu con las hermanas de allí haciendo actividades. La mayoría de ellos hablaban kichwa.

¿Era difícil comunicarse?

Con algunos sí. Pero había un grupo Infancia Misionera y varias chicas de este grupo sabían castellano perfectamente. Los niños más pequeños sólo hablan kichwa.

¿También estuvisteis en una minga o encuentro de comunidades?

Sí, estaban construyendo unas casas porque iba a haber un encuentro el 27 de julio con todos los líderes de las comunidades: curacas. Estuvimos limpiando pescado con las mujeres, nos dejaron hacer hoyos para los postes de las casas y pintamos la misión.

El regreso desde allí fue duro ¿verdad? Ya que estuvisteis cinco horas en canoa bajo la lluvia. ¿Te dio miedo?

Hubo momentos que sí, que me dio un poco de miedo, porque había mucha corriente y la canoa como que no avanzaba. Fue duro pero bonito. Al final hemos visto que esa es la realidad de un misionero. Bajas con un sol de maravilla y subes diluviando. Nos hemos puesto en la piel de un misionero o religioso que va a visitar a una comunidad.

También visitasteis comunidades de agricultura ecológica.

Es otro proyecto de Cáritas Puyo, los ingenieros enseñan a las comunidades a implantar nuevos cultivos en las chacras o huertos, a utilizar por ejemplo purín de ortiga para evitar plagas de insectos y obtener semillas para fortalecer la especie y alimentar a las aves que tienen para consumo.

En la última semana, vuestro trabajo se centró en una parroquia de Puyo.

Sí, estaba como a 20 kilómetros de Puyo. En Puyo viven unos 40.000 habitantes, que al final es una extensión grande, y estuvimos en una parroquia de la plaza Aray que la llevaban dos sacerdotes, el padre Jefferson y el padre Humberto. Esta parroquia es una de las más empobrecidas. Sobre todo estuvimos con los niños, que me sorprendieron mucho porque estaban super felices, muy implicados en la parroquia, había un grupo de chicas de 14 o 15 años que eran catequistas. También vimos el centro de adulto mayor, que lo lleva también una comunidad religiosa, Las Lauritas, que son mejicanas. Y conocimos a Sor María que es una misionera de San Felices de los Gallegos que lleva 49 años en Puyo. Estuvimos hablando con ella, era una mujer súper luchadora por los derechos de la comunidad indígena. Otra de sus hermanas también era de Sevilla y con otras hermanas llevan un centro social para personas mayores. Llevan la comida a sus casas a 33 personas.

También antes de veniros, visitasteis el parque “Laudato Si”

Es un parque que se abrió cuando salió la encíclica del Papa Francisco. Es un parque de naturaleza viva, dedicado a la Iglesia y a la Red Eclesial Panamazónica REPAM. También vimos el museo de la misión que nos enseñó Monseñor Rafael, obispo vicario apostólico de Puyo. Vivimos en la misión con todos los sacerdotes de las parroquias y con Monseñor Rafael, que era uno más, muy comprometido con la comunidad indígena, con las personas y con los jóvenes.

Después de todo lo vivido, qué evaluación realizarías? ¿Cuál es tu sensación?

Haciendo una reflexión de lo que he visto allá y de lo que hacemos aquí en España, nos falta hacer mucha Comunidad, hemos perdido mucha Comunidad que tenían las personas mayores, de vecindad, de unirnos para luchar por lo que es de todos. Perdemos Comunidad y nuestras raíces. Eso es algo que ellos tienen muy claro y no quieren perder. Me ha sorprendido lo importante que es creer en las personas, me ha sorprendido mucho cómo viven la fe en la persona, en Dios, en la naturaleza, ¡cómo la viven! Ven a Dios en la otra persona.

Es importante resaltar el equipo que habéis formado todos los voluntarios.

Todos hemos sido equipo. Se trataba de aportar nuestros conocimientos y aprender de las personas y de la maravilla que es la naturaleza, la Amazonía. Al final todo lo que hacemos en Europa repercute allí y lo de allí aquí, al final somos un todo.

¿Te gustaría volver?

Sí. Todo el mundo era cercano y agradecido. Nos han acogido de una manera que no había visto nunca. Con un cariño inmenso.

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