Published On: 27 de marzo de 2024

Para evitar cualquier riesgo de precipitación, la procesión recuperó el recorrido antiguo de la misma, que es más corto

A pesar de las continuas miradas al cielo a lo largo de la tarde y noche del martes, la procesión de las Cinco Llagas salió, y salió por las calles mirobrigenses con su solemnidad y sobriedad habitual, sin adornos, ni espectacularidades. Solamente la novedad de un Cristo inclinado en lugar de tumbado, para mejorar la visibilidad y la actuación de el coro de la parroquia de San Andrés, la única que rompía el silencio en cada una de las llagas.

Una hora antes, la junta de la Cofradía de la Santa Cruz tomó la decisión final en torno a la procesión, acortándola en unos metros a través del regreso al recorrido antiguo, que gira a la derecha en el cruce de la calle Muralla, bajando hacia la Rúa del Sol, en lugar que dar la vuelta por el Registro y el Paseo Fernando Arrabal; de cara a evitar riesgos.

La fórmula salió bien, ni una gota puso en riesgo una procesión que gana cada año más adeptos y con razón. Lejos del recargo o de la pomposidad, brilla más en una Semana Santa como la mirobrigense la sencillez de los tambores, los hábitos carmesí y las antorchas. Naturalidad ante todo.