Memoria de un lunes de verano, en el que Peñaparda recibió con alegría a su medallista olímpica, Laura Ester Ramos.

Como esto del periodismo rural es un sinfín, sabes cómo empieza, pero nunca cuando termina, las noticias en la comarca de Ciudad Rodrigo se suceden a diferente ritmo a lo largo del año, pero la actualidad nunca se detiene, os lo puedo asegurar. Los kilómetros han ido a ritmo de palabra, fotografías y videos multiplicados por sí mismos durante el 2024. ¡Para qué luego digan que aquí nunca ocurre o se hace nada! Esto es un no parar.
Si me tuviera que quedar con algún momento emocionante en la actualidad de esta Tierra Rayana en la que trabajamos creo que me quedaría con lo que ocurrió en Peñaparda un lunes de agosto y que tuve el privilegio de vivir en primera persona. El corazón de El Rebollar rebosó de alegría al recibir a su campeona olímpica Laura Ester Ramos, Oro en Waterpolo en los Juegos Olímpicos de París.
Me quedo con todo lo acontecido esa tarde. Lo guardo en mi interior como un pequeño gran tesoro, de esos que la memoria recordará con el tiempo diciendo aquello de: “Yo estuve allí”. Sonrío, por ejemplo, al pensar en los momentos previos a la llegada, cuando palpitaba el nerviosismo en el ambiente y todo era un ir y venir de pancartas, repaso de lo que tenía que hacer cada uno y ensayo de palabras. De vez en cuando se oían en voz alta frases como: “¡Qué ya viene por El Bodón!” “¡Todos preparados!”.
Pancartas extendidas, miradas puestas en la curva de la carretera, tensión latente. Y entra el coche y se detiene y baja la admirada Laura Ester y el resto forma parte de esa historia que podéis ver en videos y fotografías, una y otra vez.
Pero hay sentimientos que no se ven esas imágenes para el recuerdo. Quedan grabados en el alma de aquellos que las vivieron. A mí, me quedarán para siempre las lágrimas de Laura Ester cuando pronunciaron los nombres de sus abuelos Che y Remigia. Hasta entonces, su rostro era pura sonrisa, esa enorme sonrisa que la caracteriza y que lleva siempre puesta transmitiendo energía positiva a todo el que la ve. Pero no pudo evitar la lágrima cuando Alicia mencionó a sus abuelos peñapardinos. Y es que, aunque no nació aquí, esta campeona olímpica lleva El Rebollar en la sangre, baila a ritmo de tamboril, comparte fiesta y conversaciones con sus vecinos y es, una más, cuando vive unos días en Peñaparda. Se puede decir que su corazón late a ritmo de pandero cuadrao.
Este 2025, que ahora comenzamos, será un año especial para esta waterpolista, el año de su retirada. Lo ha conseguido todo y toda Peñaparda se siente orgullosa de ella. Buena prueba de ello es una tarde de agosto cuando, desde lo alto de una escalera, sus familiares, amigos y vecinos les mostraron todo su cariño, bien correspondido por la medallista, que dejaba escapar lágrimas al escuchar dos nombres. “Lo conseguí, abuelos”.
(Rebeca Jerez Hernández)




