Published On: 24 de febrero de 2025

El Bolsín Taurino nació cantando

Artículo de Miguel Cid Cebrián, testigo del nacimiento del concurso de aspirantes a toreros más antiguo de España

Hace casi 70 años, y uno era un chaval de 12, cuando en la Calle El Rollo, Calle Laguna y La Glorieta, empezaron en el histórico Café Moderno las actividades de un grupo de farinatos aficionados a los toros, sensibilizados con la estampa de los maletillas que llegaban en vísperas del Carnaval buscando refugio y salida para sus aspiraciones.

 

Yo, que como he dicho era un adolescente, contemplaba a aquellos fundadores: Calleja, Orencio, Casado, Teo, Calzada y Abraham, como iban de un lado para otro en los alrededores de El Moderno, fraguando lo que luego sería el Bolsín Taurino Mirobrigense.

 

Recuerdo también como apareció un farol con el nombre del Bolsín con baterías proporcionadas por Casado, que las fabricaba, y que portaba Chan, el carrero del Ayuntamiento, para encabezar la comitiva que recorría los bares cantando los pasodobles del Bolsín que alguien les escribía.

 

Yo me sumaba a la comitiva y como las letras de dichos pasodobles estaban impresas en cuartillas también las cantaba como un himno.

 

Además, el Moderno empezó a ser el centro de divulgación de las actividades de los ganaderos mirobrigenses y allí acudían los entonces maletillas para enterarse de las tientas y encerronas que se llevaban a cabo.

 

Igualmente, contemplaba como Teo y Agustín, su camarero, servían platos de comida a los maletillas no sobrados de recursos y que les ayudaban a reponer fuerzas después de interminables caminatas con el hatillo al hombro. E, igualmente, se les facilitaba a los que carecían de medios, que eran la mayoría, alojamiento en algún pajar, como el de Alipio, donde se cobijaban del frío.

 

Todo aquel mundo ya superado por suerte era la imagen de la España de finales de los 50, tan diferente a la actual: frío y sabañones, cocinas de carbón, braseros de cisco y las camillas con sus faldillas, alrededor de las cuales se hacían las tertulias y la vida hogareña. Todo un pasado que no tiene ya nada que ver con el presente.

 

Mi niñez y mi juventud quedaron atrás en una España tan diferente y un Ciudad Rodrigo que, a pesar de todo, conserva sus esencias tradicionales, como son los Carnavales, que mantienen a un Bolsín también diferente y tan distinto de aquel. Ahora se canta menos, pero aquellos pasodobles, por suerte recuperados por mi hermano y musicólogo José Ramón, son la esencia del origen bolsinista. Habrá que cantarlos de nuevo.

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