CRÓNICA Y FOTOS/ «Matrícula de Honor» para Juan Manuel Vidal en la novillada del Bolsín Taurino
El de Sanlúcar de Barrameda cortó dos orejas y rabo a un gran novillo de Castillejo de Huebra en una tarde de lleno en los tablaos
La fría tarde dominical contó en la Plaza Mayor de Ciudad Rodrigo con el «examen» de los cuatro finalistas del Bolsín Taurino Mirobrigense; una evaluación donde la «matrícula de honor» fue con todos los merecimientos para Juan Manuel Vidal y en la que, en general, los novilleros mostraron una buena condición aunque se atascaran en la «pregunta final» y que más puntos vale en esto de la tauromaquia: La espada.
Abrió tarde David Fernández Galindo, que se mostró muy entregado, llevando con gran sabor y ligazón a un buen eral de Castillejo de Huebra; mostrando un diverso repertorio de suertes y adornos, aunque buscando también la profundidad para maximizar las condiciones del novillo, llevándolo también con valor y recibiendo algún revolcón por ello. Una media estocada, un pinchazo y una estocada truncaron las orejas para el de Algeciras, aunque se llevó los aplausos del respetable.
Voluntarioso se mostró Salvador Herrero, que hizo una faena completa y de mucha técnica con ambas manos frente a otro buen eral. Al igual que su compañero predecesor la espada hizo imposible cualquier clase de premio. Media estocada, un pinchazo y una estocada, recibiendo también los aplausos del público el salmantino por su buena disposición.
Salió a «dar bocaos» Noel García. El de La Fuente de San Esteban fue un torbellino con el capote y mostró variedad en su primer encuentro con el astado. Ya con la muleta se mostró muy cómodo, ligando con soltura al de Castillejo de Huebra y sabiendo conectar con el público con unos buenos arrimones al final de una faena que se alargó de más un poco. La contraparte le llegó a la hora de matar, donde preparó un sainete de estocadas atravesadas y pinchazos, con 1 aviso entre medias, que le privaron del premio final. A pesar de esto se le reconoció con aplausos el esfuerzo antes de irse a la enfermería por una posible lesión en el hombro al entrar a matar.
El «alumno» más espabilado fue Juan Manuel Vidal. El de Sanlúcar de Barrameda leyó perfectamente al público de Ciudad Rodrigo y salió a entregarse desde el minuto 1 con un capote completísimo y de gran sabor. Ya en la muleta desarrolló una variada faena donde logró que el coso conectara de forma eléctrica con él a través de inicios desde larga distancia, adornos, series de mucha ligazón y desplantes a un ejemplar noble y repetidor. La suerte de matar se retrasó una parte del público empezó a pedir un imposible indulto para la res (No está permitido por reglamento el indulto en plazas portátiles, ni en novilladas sin picadores o festivales sin picadores). Esto no pasó factura al sanluqueño, que mató a la primera y se llevó los máximos trofeos: Las dos orejas y el rabo, en medio del júbilo de la gran mayoría del público.






