Semblanzas de cinco personas centenarias de la Residencia Obispo Téllez de Ciudad Rodrigo
Acaban de cumplir los 100 años, otras están a punto o ya los han superado, nos transmiten sus experiencias y trayectorias de vida, son personas de las que aprender sobre todo a vivir el día a día con ilusión, hablamos con ellos y les agradecemos su amabilidad y disposición para este encuentro tan especial.
ISIDORA PABLO PALACIOS
Cumplirá 100 años el día de Santa Cecilia de este año 2025. Ella es de Castillejo Martín Viejo, donde se crio, ayudó a su familia en el campo y también fue al colegio, hasta los 14 años. Se casó con 22 años y le brillan los ojos cuando escucha el nombre de la ciudad de Sevilla, el primer destino de su marido que era militar. Isidora se trasladó después de un tiempo a El Escorial y al jubilarse regresaron a Castillejo Martín Viejo. Isidora tuvo cuatro hijos, uno de ellos fue el conocido actor Roberto Cairo.
Escucha las palabras amables que le ofrecen sus cuidadoras y se le ilumina el rostro cuando una de ellas le menciona a Pancho, un perrito que acompaña a su hija cuando viene a verla y que le encanta.
MANUEL MANZANO HONORATO
Manuel es de Ciudad Rodrigo y acaba de cumplir esta semana, el día 29 de julio, 101 años. Lo celebró el fin de semana anterior con toda su familia, sus hijos, nietos y bisnietos.
Sus padres tuvieron una fábrica de gaseosa, donde trabajaban sus hermanas. Esta fábrica estaba situada en la plaza del Buen Alcalde y su hogar se encontraba en la conocida calle La Peña, muy cerca de La Colada.
Manuel se casó con Lucía y tuvieron tres hijos, con ellos se marcharon a Valladolid, él trabajaba como bancario en el Banco Hispano y vivían en la plaza Circular.
Aunque vivía fuera, venía a Ciudad Rodrigo siempre que podía, por ejemplo en Carnaval. Dice que corría los toros y que su tramo favorito era la calle Madrid. También, afirma que nunca tuvo ningún percance.
En tierras vallisoletanas ha estado hasta después de jubilarse. Luego, él y su mujer regresaron a Ciudad Rodrigo, vinieron a vivir directamente a la residencia Obispo Téllez. En la actualidad, es viudo.
Le preguntamos por el secreto para vivir cien años, sonríe y dice: «¡Ah! Eso Dios es el culpable».
MARÍA LUISA GARDUÑO ZAMARREÑO
María Luisa Garduño Zamarreño lee el periódico todos los días, «y sin gafas«, nos comenta. Ella celebra su cumpleaños cada 4 de septiembre y este año cumplirá los 100. Lo de leer le viene de herencia, cuenta que su padre les leía La Gaceta todos los días, sentaba a sus hijos alrededor de la lumbre y todos escuchaban las noticias de la jornada. Nadie hablaba cuando el padre leía en voz alta.
Ella habla de la huerta en Ciudad Rodrigo y la describe como si la estuviera viendo en este mismo instante. Después, nos traslada con las palabras a Saelices el Chico, donde también trabajó en una finca, en Sageras del Río, donde tenían cerdos y cabras. «Yo iba en las mañanas a echarle a los cerdos y a buscar la leche de las cabras, porque teníamos un cabrero.» Su marido se llamaba Francisco, «era muy bueno» y tuvieron dos hijos.
Trabajó toda su vida en el campo, «cavábamos lo garbanzos, íbamos a regar. Teníamos noria donde se ponía el burro». Como es habitual en Saelices el Chico, su familia también tenía viña, hacían vino y aguardiente.
A ella, también le preguntamos por el secreto para alcanzar los cien años. «¿Hay algún secreto?», le decimos. A lo que María Luisa contesta: «Yo creo que no».
La dejamos con la sonrisa puesta, como nos recibió. En nuestro interior, queda una dulce voz que deja huella y su sonrisa, que ilumina.
TERESA GUTIÉRREZ NICOLÁS
Teresa ya fue noticia en nuestro periódico el pasado 10 de noviembre, cuando cumplió los 100 años y su familia le preparó una fenomenal fiesta e incluyo el Ayuntamiento de El Bodón, su localidad natal, le entregó una placa como reconocimiento a toda una vida.
Teresa siempre ha sido panadera, oficio que le viene de familia. No en vano la panadería de El Bodón cuenta ya con cinco generaciones consecutivas dedicadas a hacer pan. «Mi bisabuelo panadero, el abuelo panadero, mi padre luego panadero y luego nos queda Nines, Chon y Gema, también panaderas», nos explica Teresa mientras sonríe, porque si algo caracteriza a esta mujer es su semblante alegre, una alegría que se transmite a todo el que está a su alrededor. Teresa tiene luz.
Ella fue al colegio hasta los 12 años y después empezó a trabajar en el horno. Recuerda cómo bajaban a Ciudad Rodrigo en carros a por harina, a la fábrica de La Concha. También, en su memoria se ofrecen secuencias de cómo hacían la masa del pan y la echaban en una artesa, «hacíamos la masa y luego la pasábamos por el torno para quedarla más fina». Elaboraban pan para El Bodón y pueblos cercanos como La Encina, Pastores y varias fincas. Hacían cuartales y panes, también hornazos.
Su marido se llamaba Manuel y tuvieron dos hijas y un hijo. Ahora tienen muchos nietos y bisnietos. Ha trabajado mucho, afirma.
«Yo no hice nada» para llegar a los cien años, «pasaba el tiempo y ya está». Teresa nos habla con soltura, sus palabras van tejiendo pasado, retazos de presentes que fueron y que revive con esmero y cariño, alcanzando el corazón.
FLÉRIDA CASTAÑO MARTÍN
Flérida tiene 107 años, nació el 23 de enero de 1918. Así que su trayectoria vital acumula toda la experiencia vital que supone el haber recorrido el siglo XX con todos sus cambios y sus acontecimientos. Su esposo se llamaba Andrés y tuvo tres hijos. Tenían una ferretería en la zona de la estación de autobuses.
Le gustaba hacer punto y cocinar, así como ir a misa a San Pedro-San Isidoro, frente a la residencia. Hasta hace bien poco salía con su andador a pasear por las calles de Ciudad Rodrigo.











