LA COLADA EN LOS 80/90. Serie: «Bares ¡Qué lugares!»
Luis Esteban, «La Taberna Inglesa», el karaoke de La Colada
Hoy es el turno de Luis Esteban que nos habla de los 25 años que pasó al frente de «La Taberna Inglesa», de las canciones favoritas del público cuando iba a cantar a su establecimiento y del gran ambiente que había en esta zona de fiesta mirobrigense, cuando La Colada era punto de encuentro y diversión.
Luis Esteban tenía ya trayectoria hostelera cuando llegó a «La Taberna Inglesa» en el año 1992, un bar que ya llevaba también tiempo abierto y que contaba con su propio estilo, puramente inglés . Sin embargo, el encuentro con este local fue un punto de inflexión en su vida y de hecho, ahora, aunque tiene otro negocio, es conocido por todo el mundo como Luis «Tabernas».
Según nos explica Luis, «La Taberna Inglesa» fue un establecimiento abierto por Jaime en el año 1977. El decorado, con personalidad propia que incluía chimenea, lleva la firma del interiorista Fernando Rey, de Salamanca.
Durante 25 años, Luis estuvo al frente de «La Taberna Inglesa» en La Colada, que inició con un socio. Con anterioridad durante unos tres años había tenido «La Quinta Marcha» en el Centro Comercial. Durante unos años compaginó «La Taberna inglesa» con un bar en la calle Toro, el «Oporto».
Luis recuerda cómo era el ambiente de La Colada en los primeros años de los 90, «era tremendo, cualquier viernes, cualquier sábado, y sobre todo el periodo estival de verano, cuando le daban las vacaciones a los estudiantes (…), llena toda La Colada, desde «La Farola» hasta el «Fénix» y el «Wetonia», la calle llena siempre. Bar lleno, calle llena«.
Un año después de la apertura incorporó el karaoke a su establecimiento, seña de identidad de este local. En La Colada, lo de coger un micrófono para cantar, ya se conocía porque la discoteca «Amayuelas» había dado los primeros pasos en este arte.
Los primeros discos de karaoke que compró Luis eran «Laser Disc», el primer sistema de almacenamiento en disco óptico, tenían 30 centímetros de diámetro; su aspecto físico era de un cd pero el tamaño era de un disco de vinilo. Luis comenta que estos discos eran muy caros: «Cada disco de 24 canciones, 35.000 pesetas de las de entonces, que vienen a ser unos 200 euros». Sin embargo, el cantar tus temas favoritos era un aliciente para ir a «La Taberna Inglesa» y la gente hacía cola por disfrutar cantando. Aunque al principio costó un poco, según explica Luis, «tuvimos que empezarlo, animarlo». De hecho, el propio Luis cantaba con el micrófono detrás de la barra, de manera individual o en dueto, y esto animaba al público a cantar copla, Perales, Sabina o lo que hiciera falta.
Con el paso del tiempo y al ver que el karaoke era una buena opción para su negocio, Luis invirtió en un buen equipo de música, adquirió micrófonos de alta calidad (algunos con un valor que alcanzaba los 1000 euros actuales). Además, compró toda la colección de «Laser Disc», unos 35 volúmenes. Posteriormente, los grandes discos fueron sustituidos por DVDs y, a continuación, por el programa informático directamente en el ordenador, donde él incluyó toda la colección de discos que tenía en ambos formatos, además de los temas musicales que iba comprando on-line.
Luis estuvo al frente de «La Taberna Inglesa» hasta el año 2015. «El 1 de agosto de 2015 dejé La Taberna y el 4 de agosto de 2015 inauguré El Code«, indica Luis. «El Code» es el bar que tiene abierto en la actualidad en la plaza del Buen Alcalde, donde continúa con el karaoke, aunque de forma distinta porque se pone en funcionamiento más en invierno o cuando se recoge la terraza. Antes de dejar La Taberna, también estuvo un año llevando el albergue municipal durante un verano.
«La Taberna Inglesa» abría de once de la noche a hora de cierre. Luis Esteban nos explica que la forma de consumir de la gente ha cambiando mucho, «la gente de nuestra época salía y consumía, porque también trabajaba». Su establecimiento abría todos los días, excepto el miércoles. El lunes era buen día porque la gente iba al cine y después de ver la película se pasaba por su bar.
Este bar solía estar lleno. Era un espacio bien distribuido, «la gente entraba dentro, estaba bebiendo codo con codo y no le importaba, ahora eso no se existe, han cambiado las formas (…) Recuerdo algún Carnaval, de tardar diez o quince minutos en ir al baño, de la barra al baño había unos cinco metros. Tardaba un cuarto de hora (en llegar), pidiendo que la gente empujase para hacerte un hueco y pasar de lado totalmente, claro». En Carnaval, solía quitar los asientos del lateral de la derecha y los que estaban al lado de la chimenea, para facilitar el espacio.
Somos muchos los que tenemos en la memoria, noches de karaoke memorables, donde incluso el cliente tenía la canción ya seleccionada antes de llegar, porque era la que mejor le salía, la famosa de su cantante favorito o la que más le divertía cantando en compañía de su cuadrilla de amigos y amigas. Había canciones que cada noche caían sí o sí: «La puerta de Alcalá» de Víctor y Ana, «Contamíname» o «Así fue» de Isabel Pantoja. En general, todo lo que era pop español era muy reclamado, «canciones en inglés empecé a traer ya muy tarde«, añade Luis.
Había personas que eran verdaderos artistas cantando y mostraban sus dotes canoras cada vez que cogían el micrófono, Luis recuerda algunos nombres: «Roberto Ramos, Sandra, toda la familia Burgos, Susana,… había mucha gente buena cantando. Había un grupo que cogió afición y le gustaba mucho». Desde La Taberna incluso se organizaron concursos, llegando a dar más 1000 euros en premios: 600 euros primer puesto, 300 segundo y 150 el tercero.
Para finalizar nuestra conversación, le preguntamos a Luis sobre su recuerdo de «La Taberna inglesa» dentro de su camino vital y nos responde que «fue una época muy, muy bonita, muy para recordar, para tenerla en mi mente, que no vuelve» y añade que a sus hijos o a la gente joven les cuenta cómo estaba aquella calle llena en verano o en Carnavales, afirma que le gustaría que vieran el ambiente que había allí cada fin de semana, «eso es irrepetible. No había móvil ni nada, sabías que después de cenar, sabías donde quedabas«, sin decirlo, te encontrabas en La Colada.
La Colada punto de encuentro y diversión en las noches del verano mirobrigense y «La Taberna Inglesa», lugar donde las canciones volaban y hacían soñar.








