Murallas sí o murallas no, debate social de la primera década del XX
Hace apenas cien años, en los periódicos y en la calle se discutía la posibilidad de derrumbar parte del recinto amurallado mirobrigense para que la ciudad pudiera progresar
¿Te imaginas que Ciudad Rodrigo no tuviera murallas? Damos por hecho con facilidad que la conservación de nuestro patrimonio está asentada sobre bases sólidas que están dentro de los cánones de la lógica contemporánea. Sin embargo, esos parámetros que ahora damos por sentados y que forman parte de nuestra cotidianeidad, eran muy diferentes hace poco más de cien años.
Nos situamos a principios del siglo XX, tal y como narra José María Hernández en la contextualización de su discurso de ingreso al Centro de Estudios Mirobrigenses titulado “Regeneracionismo y educación en Ciudad Rodrigo (1900-1931)”, un periodo histórico marcado por una gran brecha social en la localidad, la emigración debido a las condiciones de vida de gran parte de la población, el poder de la Iglesia, la precariedad en las vías de comunicación a pesar de la llegada del ferrocarril y los numerosos periódicos que abren y cierran en este periodo, más de una quincena.
Es precisamente ahí, en la prensa local, donde se visibiliza el debate social que late en las calles. En aquel momento, “el casco histórico de Ciudad Rodrigo comienza a abrir la ciudad hacia algunos de sus arrabales, principalmente el de San Francisco. Son varias las voces que claman por romper la muralla y ensanchar la ciudad, como expresión de modernización civilizatoria”.
En definitiva, está en juego el camino que ha de tomar la ciudad. Hay sectores, como el defendido por Antonio Alfán Baralt, en 1903, que abogan por el derribo de la muralla “para permitir el desarrollo urbanístico y de la ciudad, idea que comparte Jesús Méndez Risueño”, tal y como aparece en diferentes cartas publicadas en el semanario “La Iberia”.
Unos años más tarde, se quiere derruir las murallas de Ciudad Rodrigo “porque ya no son necesarias militarmente según propone la autoridad militar, aunque “Avante. Seminario mirobrigense” es contrario a esta propuesta, según apunta en su estudio José María Hernández.
El debate social sobre murallas sí o murallas no, se extiende a lo largo de todo el primer tercio del siglo XX. Las voces contrarias a la demolición también se hacen sentir a través de la prensa. Al parecer, en 1924 Julio Labajo Alonso habla no sólo de la importancia de las murallas y su poderío físico, sino también del valor que supone para los propios mirobrigenses.
Finalmente, la cuestión sobre la permanencia o no de la muralla mirobrigense queda en palabras que, escritas o no, no llegaron a término. Aunque cabe resaltar que el gran arco de la puerta de Amayuelas es precisamente de mediados del siglo XX y que para realizarlo hubo que derrumbar gran parte de la muralla que allí existía, justificándolo con el tema de la entrada de grandes vehículos al recinto abaluartado.
Hoy en día, ya en el siglo XXI, la necesidad del mantenimiento y conservación de la muralla en Ciudad Rodrigo se da por sabida. El derrumbe ocurrido en el 2 de enero de 2023 hizo que saltaran todas las alarmas sobre la urgencia de diversos arreglos en el sistema abaluartado, que finalmente fueron llevados a cabo.
Un recorrido de casi dos kilómetros sobre una muralla de orígenes medievales rodeada de un segundo baluarte del siglo XVIII es algo único es digno de valorar no sólo como elemento patrimonial, histórico y turístico, sino como todo un símbolo para la localidad.
El debate social de inicios del siglo pasado muestra que la toma de decisiones, aparentemente sencillas, puede determinar el devenir de toda una comunidad.
¿Te imaginas un Ciudad Rodrigo sin muralla?







