Published On: 25 de enero de 2026

19 DÍAS/ Los primeros Carnavales de Interpeñas

Hacemos un viaje en el tiempo para recordar uno de los momentos clave del Carnaval del Toro durante el S. XX

El Carnaval del Toro 2026 se aproxima inexorablemente con el inicio de la última veintena de días para su celebración. Este carnaval del siglo XXI es un evento consolidado, con sus dimes y diretes, pero aceptado popularmente como un evento relativamente estabilizado y «seguro» de su celebración (salvo circunstancias muy excepcionales como una Pandemia Mundial) año tras año, pero no siempre fue así.

Y es que hace apenas medio siglo el Carnaval del Toro vivió un momento muy delicado en su historia y que se resolvió de forma conjunta, a través, como no, de la sociedad mirobrigense, que dio un paso adelante a través de diferentes sectores y que cristalizó en una consecuencia como fue el liderazgo de Interpeñas a la hora de organizar la fiesta grande a principios de los años 80. Nos vamos a retrotraer al primero de todos, al de 1979, año en el que el Carnaval del Toro cambiaría para siempre.

Carnavales de 1978: Los problemas económicos y el incidente de los cenizos

Para entender el giro del Carnaval del Toro en el año 1979 hay que conocer de donde se llegaba. En el año 1978 la sociedad española (y también la mirobrigense) se encontraba imbuida en los primeros pasos de la Transición, que se materializaría a finales de ese año con la Constitución Española. Un periodo de cambio que también se hacía notar también en Ciudad Rodrigo y con un Ayuntamiento pre-democrático que ese 1978 viviría su último año «completo» al mando de la ciudad.

Más allá del contexto político y social, el Carnaval del Toro de 1978 se presenta con una programación con una estructura no tan alejada del esqueleto moderno del carnaval, pero sí con una composición programática concreta: El modelo encierro-capea-novillada-capea-desencierro ya existía (con sus correspondientes variaciones) e iba aderezado con un Baile de Disfraces el sábado y un desfile de grupos de humor el lunes.

Estos carnavales del 78 estallarían por dos flancos: El primero, el martes de carnaval, con el famoso «incidente de los cenizos» que pasamos a relatar (a grosso modo): Al final del segundo toro de la capea de tarde, numerosos grupos de mozos, ataviados varios de ellos con pancartas, realizarían una enérgica petición de cenizos hacia el consistorio mirobrigense, algo que fue habitual que sucediera durante los años 70.

A partir de aquí hay varias versiones (Que si el Ayuntamiento llamó a la Delegación en Salamanca y recibió un «no», que si un ganadero ofreció gratis sus toros…), los hechos seguros fueron la desaparición del Ayuntamiento en pleno de la balconada consistorial (salvo los concejales Antonio Pérez y Ángel de Elías, que bajaron brevemente a hablar con los mozos), con la consiguiente suspensión del desencierro, y un altercado en el ruedo, donde se profirieron gritos de diversa índole (algunos de ellos de carácter político) y se culminaría con una fogata alimentada con pancartas y varias de las puertas del coso. Tal fue la cosa que, hasta el año 2022, donde si hubo cenizos, no se volvió a hacer una petición de esta índole.

El otro flanco se encontraba en el apartado económico. El Ayuntamiento de Ciudad Rodrigo se encontraba por aquel entonces en una situación económica delicada y el Carnaval del 78 contó con un enorme déficit, sumado a ello a la cantada inoperancia de una corporación en la pista de salida y con unas elecciones municipales en 1979. Todo esto generaba que el Carnaval, ya de por sí con un esquema debilitado, se viera abocado a una posible desaparición por motivos pecuniarios.

Invierno de 1978: El punto de inflexión

El invierno de 1978 traería dos puntos de inflexión que nada tienen que ver, pero que son paralelos en la historia: La promulgación de la Constitución de 1978 en el mes de diciembre y, a finales de diciembre, el inicio de la colaboración conjunta entre el Ayuntamiento de Ciudad Rodrigo y una Interpeñas que ese año daba sus primeros pasos, con la celebración de actividades como una jornada con capea y almuerzo en la Plaza de Toros de Santa Cruz durante ese mes de agosto y que habían resultado un éxito de participación.

El primer encuentro sucede el 22 de noviembre de 1978, cuando el consistorio cita a Interpeñas para pedir colaboración de cara a la organización del Carnaval 1979, acordando la elaboración de un presupuesto aproximado para conocer la situación económica a afrontar. Esas cuentas no pueden ser más claras: 2 millones de pesetas de gastos y un déficit de millón y medio. Insalvable con los recursos existentes.

El 13 de diciembre se constituye la mesa de trabajo (A la postre comisión de festejos) con representación municipal y la Junta Directiva de Interpeñas. En esa mesa de trabajo se acuerdan dos ejes para poder solventar los carnavales: El primero, pedir ayuda a la Diputación y la Delegación de Turismo, mientras que el segundo sería solventar lo que queda con aportaciones de los diferentes sectores industriales y hosteleros de la ciudad.

En la víspera de las navidades del 78 se realizan dichas gestiones, comprometiéndose la Diputación a que la aportación de 300.000 ptas llegue a tiempo para el Carnaval, mientras que la Delegación de Turismo aumentará su aportación a 180.000 ptas. Por su parte, los sectores comerciales de la ciudad se muestran reacios a aumentar sus aportaciones para el carnaval, aunque estos, a la postre, serán claves para su celebración.

Durante esa víspera de Navidad (y dado el paralelismo histórico) es inevitable no hacer una mención a una tragedia, que al igual que la sucedida en Adamuz este enero de 2026, conmocionó a la sociedad mirobrigense, como fue la Tragedia de Muñoz un 21 de diciembre de 1978, donde un tren se llevaría por delante un autobús escolar en un paso a nivel, dejando un saldo de 32 víctimas mortales (la mayoría niños) y 65 heridos. Un evento que marcó las navidades del 78 en la comarca y que se recuerda a día de hoy.

La solución y el impulso a los carnavales

El inicio de 1979 está marcado por el anuncio de las primeras Elecciones Generales en España para el Jueves 1 de marzo. La fecha podría resultar irrelevante, pero se vuelve muy significativa al ser los plebiscitos nacionales solo 2 días después de la finalización del Carnaval del 79, lo que metía a la fiesta grande de Ciudad Rodrigo en plena campaña electoral y la ponía en serio riesgo de politización, que finalmente no se produjo más allá de alguna pintada en un burladero.

Volviendo al apartado económico, este encontraría solución, tras un mes de y gestiones varias, a finales de enero de 1979, cuando se daría a conocer el paso adelante dado por un importante número de caras reconocibles de la ciudad, así como de numerosos particulares, para resolver el quebradero deficitario carnavalero.

Por un lado, el aspecto taurino se resolvería con la donación de casi todos los animales para los festejos (16 toros aportarían los carniceros mirobrigenses, que aumentaban considerablemente el número de astados que aportaban en años anteriores a cambio de la carne, 2 astados Manuel Delgado Sanchez-Arjona, otros 2 por parte de los concejales Antonio Pérez y Ángel de Elías y otros 2 por parte de los ganaderos Rafael Santos Moreno y Antonio Rico), sumando a esto una reducción considerable de la cuantía económica a percibir por parte de la Charanga “Los Pocapenas” y  “Los Payasos” (Estos últimos tocarían gratis).

También habría un importante número de aportaciones económicas para cubrir los costes de los festejos, distribuyéndose en 600.000 ptas por parte de la Comisión de Festejos, 300.000 ptas de la Diputación Provincial, 180.000 de la Delegación de Turismo y 102.700 por parte de particulares, siendo más de la mitad de establecimientos hosteleros como el caso de la Discoteca «Amayuelas», que puso 52.000 ptas.

 

El «triunfo» del 79 y la consolidación en 1980

Con el asunto económico solventado, pasamos a destacar algunas de las novedades que introduce Interpeñas, que cuenta ese año con 28 peñas y cerca de 1.000 miembros, en ese primer Carnaval del 79: La más destacada, sin duda, estaría en el Toro del Aguardiente, el Almuerzo el lunes gratuito para todo el público, Baile gratis a partir de las 19:00 h cada día de carnaval y el Domingo de Piñata, así como se hicieron cargo también de la organización del Baile de Disfraces, el Pregón Mayor y el Concurso de Grupos de Humor. 

El Carnaval del 79 también traerá el regreso de la Rondalla III Columnas tras una década de los 70 donde fueron frecuentes los años de parón. También ese año se realizaría un Coloquio en el Centro Cultural y Recreativo «El Porvenir» sobre el futuro del Carnaval, donde se empezaría a asentar ese concepto, ahora tan manido, de que el Carnaval se empieza a organizar «cuando acaba el siguiente».

Ese primer Carnaval donde Interpeñas estuvo involucrada en su organización supuso un éxito y un espaldarazo al modelo conjunto entre el consistorio y la organización mirobrigense. Las novedades introducidas ese 1979 funcionaron y fueron acogidas muy gratamente por la sociedad mirobrigense (muy en especial el Domingo de Piñata en la Caridad), lo que les valió el crédito para, una vez renovado el consistorio en las Elecciones Municipales de abril de 1979, llegar a un entendimiento en el inicio de los años 80 para seguir co-organizando el Carnaval.

En 1980, con el crédito del primer año y una situación económica más estable para el Carnaval, la organización peñista lanzaría otro «tanto» de novedades para esos carnavales, especialmente en el ámbito más cultural: La Corte de Honor Infantil y el primer libro de Carnaval de la historia.

Ese año sería distinto en cuanto al número y procedencia de los toros a lidiar, además con curiosos donativos, como el de la Peña U.M.O el domingo de carnaval, así como una comisión organizadora que este año sí pudo aportar la mayoría de toros para los carnavales. Finalizaría el Carnaval de 1980 el Domingo de Piñata con 2.500 personas en la Caridad, consolidando definitivamente ese modelo que, salvo por ligeras modificaciones, es el que ha llegado a nuestros días.