9 de mayo de 2026

Toñi Bambalinas gana el primer premio de la XVI edición del Concurso de Microrrelatos de la asociación ZOES en Salamanca

El premio fue dado a conocer y entregado en la tarde del viernes en el acto «Leyendo a la luz de la luna»

El relato «Mi abuela» de Antonia Martín Arganda de El Bodón, Toñi Bambalinas, ha sido ganador en la XVI edición del concurso de Microrrelatos de la asociación ZOES en Salamanca. El premio fue dado a conocer y entregado en al tarde del viernes en el acto «Leyendo a la luz de la luna», que incluyó además otras actividades como danza Bollywood, lectura de relatos, brindis y lecturas literarias sobre el vino.

Toñi Bambalinas, maestra que durante muchos años dio clase por ejemplo en el colegio San Francisco de Ciudad Rodrigo o en El Puente, vive en El Bodón y es colaboradora del programa «Mensaje en una botella» con su sección «Torrente de Palabras», que se emite cada viernes en directo a las seis de la tarde.

Aquí podéis leer y escuchar el relato ganador. ¡Enhorabuena Toñi!

 

MICRORRELATO GANADOR EDICIÓN 2026:
“MI ABUELA”. Autora: ANTONIA MARTÍN ARGANDA de EL BODÓN

MI ABUELA Sentada ante la mesa camilla, vestida de negro, sus cabellos canos recogidos en un moño bajo. La mirada vidriosa, cansada, perdida en los avatares de más de un siglo de lucha y trabajo. Su mandíbula inquieta y temblorosa parece que rumiara un no sé qué. Dedos de sarmiento, entrelazados como cepas, haciendo girar sus dedos pulgares en uno y otro sentido. De vez en cuando acerca el vasito a sus labios y da un sorbo de vino, paladeando recuerdos de guerra, de hambre, de hijos muertos… Apurando su vida como quien apura su vaso; despaciosa, tranquila.

Otros relatos finalistas: 

2º Finalista: “MIRANDO AMARGO”. Autor: Miguel Ángel Flores Martínez de Sabadell

MIRANDO AMARGO La tristeza es una tórtola coja en un callejón por donde nadie pasa. La soledad, una anciana acostada a las siete de la tarde, porque empieza a oscurecer. El desconsuelo, ese hombre del cartón de vino, que fuma cigarrillos que encuentra inacabados. La amargura es esta ventana. Esta por la que veo el pájaro trastabillando, y veo la luz que emite la lamparita de la mujer, que seguramente mira al techo esperando a que amanezca. Y veo al infeliz contando las colillas que le quedan. Y veo esta acera, por la que ya nunca vendrás caminando, mirando arriba, sabiéndome asomado.

3º Finalista: “SALADO”. Autora: Gema Cabrera Noya de Madrid,

El vino ha comenzado a saberme salado. No ha quedado nada del dulzor del vino blanco que abríamos entre sonrisas acarameladas, mientras cocinábamos la cena. Tampoco del amargor adictivo del vino tinto que nos gustaba probar de los labios del contrario. Desde que te fuiste de mi lado, empecé a beber en solitario. Con un manto de agua recorriendo mis mejillas, busqué con desesperación el sabor que me hacía entrar en calor, que me sacaba sonrisas y me colmaba de dicha. Hoy relleno con lágrimas las botellas de vino, solo para dejar de hallar tu nombre en el fondo vacío.

4º Finalista: “ARTIFICIAL”. Autora: – Irene Alegría Alcácer, de Salamanca

—¿Cómo se quita una mancha de vino? —mascullo en voz alta, mientras tecleo la pregunta. La pantalla parpadea un segundo. “Generando la respuesta perfecta”, me avisa mi confidente. Lo bueno se hace esperar. Aunque no demasiado, que es lo importante, claro. Se me dibuja una sonrisa de alivio cuando las palabras empiezan a aparecer sobre el fondo blanco. Instrucciones precisas, pulcramente numeradas y, al final, un guiño cómplice. “Es tu camisa favorita, ¿a que sí? La de las flores azules”. Me tiene calada, hay que ver. De pronto, me encuentro a mí misma a punto de decir “gracias, mamá”.

5º Finalista: “VINO AMARGO”. Autor, – JOSÉ ANTONIO CARMONA SAEZ de Ávila

Eran las doce, cuando descorchó la última botella. El vino, rojo profundo como el rencor, cayó en la copa con un murmullo denso. En el fondo de un buen tinto se esconden verdades que no se atreven a salir. Aspiró su aroma y bebió despacio. El sabor a roble y olvido no apagó el incendio de su pecho. El crujido en el pasillo lo volvió hacia la puerta con una esperanza rota. No, no era el alcohol; era ella que finalmente, vino. Al verla lo comprendió enseguida: no traía perdón, sino el silencio amargo de las despedidas.

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