ARTÍCULO/ De la Ilusión a la Desolación, por Marta
Desde este artículo se refleja el punto de vista de una de las peregrinas a la visita del Papa León XIV a Madrid este fin de semana

Toda mi vida he pensado que ver al Papa era algo extraordinario, algo que sólo estaba al alcance de gente privilegiada. Para mí la figura del Papa siempre ha sido muy importante, algo Sagrado, ni tan siquiera había soñado nunca en poder verle, porque me parecía impensable que yo pudiera vivir esa Gracia tan grande, pero hace aproximadamente dos meses se nos propuso en mi Parroquia de San Andrés hacer una peregrinación diocesana a Madrid para asistir a la misa que estaba programada en la Plaza de la Cibeles con motivo de la visita del Papa a España, la verdad es que me lo pensé, porque iba a ser un viaje relámpago, es decir, una paliza, pero vi que a mis 53 años probablemente ya tendría pocas oportunidades para conocer a un Papa en persona, así que animada por amigos que querían ir y convenciendo a mi marido para que me acompañara, decidí lanzarme a la aventura y comenzó la ilusión de ver al Papa León XIV en persona.
Ahora ya sí, empecé a soñar con verlo, pensaba en si llegaba a estar cerca que le diría, el simple pensamiento de poder verlo provocaba mis lágrimas, se acercaban los días y la ilusión iba creciendo, tanto mis amigos como yo comentábamos en un grupo de WhatsApp nuestras inquietudes, que íbamos a llevar, lo que no nos podía faltar, nos mandábamos canciones entre ellas, por supuesto “Alza la Mirada” para aprenderla y contábamos las horas que quedaban para el gran acontecimiento. Así pasó el tiempo y llegó el momento de comenzar la que creíamos iba a ser una experiencia positivamente inolvidable.
Cogimos el autobús a las 2:00h. de la mañana del día 7 de junio, de manera que el plan era bastante durillo, toda la noche de viaje, pasar el día y volver por la tarde, pero el esfuerzo iba a merecer la pena, porque esperábamos irnos con el mejor de los recuerdos, ver al Santo Padre el Papa León XIV, además unos días antes habíamos recibido nuestra ubicación y era realmente inmejorable, apenas a unos metros de León XIV, todos teníamos acreditación personal e intransferible, la verdad no sé para qué porque en ningún momento se comprobó, de manera que eso que dicen que las medidas de seguridad eran inmejorables, no era cierto, ni nos pidieron uno por uno el código Qr, ni el DNI, ni nos miraron las mochilas, ni nada.
Vuelvo al viaje, cuando llegamos allí, el bus nos dejó a las afueras de Madrid y para llegar al centro de Madrid tuvimos que coger el metro y hacer tres transbordos, imaginaros sesenta personas cogiendo el metro a la vez, con los vagones hasta arriba de gente, el menor de los temores era caerse, porque no había sitio ni para caer, o sea una locura lo vivido allí, sin contar en las interminables escaleras que había que subir, porque varias de las escaleras mecánicas estaban averiadas, otra nota negativa para Madrid, ya que había gente que se vio muy mal y claro todo esto atrasó nuestra llegada, después de más una hora en metro llegamos por fin a la Plaza Colón que era por donde teníamos que ir a la ubicación que nos habían asignado.
Al llegar allí vivimos uno de los peores momentos, miles de personas agolpadas en la calle y la Policía queriendo abrir paso para cuatro buses con las autoridades, ahí ya creí desmayarme, sin desayunar, sin tiempo para ir al servicio, que eso era otra aventura ni la Policía, ni los voluntarios sabían donde estaban los servicios, de nuevo el miedo no era caer porque no había sitio, estábamos literalmente atrapados, durante veinte interminables minutos, que fue lo que tardaron en pasar los autobuses con la gente VIP riéndose desde dentro.
Cuando por fin fuimos liberados, comenzamos nuestra andadura hacia nuestro destino, la ubicación Y6, un lugar privilegiado para poder ver al Santo Padre, al cual NUNCA pudimos llegar, porque nos dijeron que estaba lleno y no se podía pasar, a cambio nos situaron en las ubicaciones Y14 e Y16, donde había vallas vacías y nos dijeron que por allí pasaría el Papa, pero eso no sucedió, porque aquel lugar estaba reservado para la entrada y salida de ambulancias, nos engañaron como a tontos para que nos conformásemos y no armáramos jaleo, con lo cual la ilusión de tanto tiempo se desvaneció en tan sólo un segundo, la desolación y el desconsuelo se apoderaron de mí y creo que de todos los que estábamos allí, a causa de que la organización, esa que dicen en todos los lados era buenísima, no fueron capaces de desalojar a los cientos de jóvenes “cristianos” que decidieron al acabar la Vigilia del Sábado 6 de junio irse a acampar a nuestro anhelado Y6, usurpando su sitio a un grupo de gente de todas las edades y condiciones, que habíamos hecho un esfuerzo muy grande y habíamos pasado una gran cantidad de obstáculos hasta llegar allí, de manera que ahora que veo al Santo Padre por la televisión y hablan de lo bien que ha ido todo en Madrid me da rabia que la experiencia vivida por nosotros no se sepa, por eso me he decidido a escribir este texto.
Después de todo lo acontecido, estoy peor que antes, todo el mundo contento con la venida del Papa y yo con la desilusión tan grande de saber que he estado tan cerca del Papa y no conseguí verlo por culpa de la mala organización, esa es nuestra experiencia. Si tengo que sacar algo bueno de todo esto es la compañía con la que estuve, gracias a Susana, Josito, Fernando, Toñi, Macu, Ma José, Flori y por su puesto mi marido Andrés que sin él no hubiera podido, decir también que echamos de menos a Natalia que a última hora no pudo ir. También me gustó ver el ambiente de verdadera fé que se respiró allí, familias plagadas de niños con paraguas para resguardarse del sol y cientos de personas de todas las edades cantándole a Dios por las calles.





