Pregón íntegro de Amparo Marcos con motivo de las Fiestas del Barrio Nuevo 2026
La pregonera de este año tuvo un especial recuerdo a las mujeres del barrio, en un emotivo y a la vez divertido discurso

¡Buenas tardes a todos! Autoridades, presidenta, Asociación de Vecinos, Amigos de la Vaca, vecinos y club de fans venidos de todos los rincones… ¡Muchísimas gracias por acompañarnos hoy! A pesar de los cambios de última hora.
Lo primero que quiero pediros, por favor, es un aplauso muy fuerte para Santi, mi chófer. No podría imaginar una manera mejor ni más elegante de llegar hasta aquí.
Y hablando de llegar… os aseguro que no ha sido fácil: He estado a expensas de un Mundial de Fútbol, del sorteo de un iPhone 17 (a ver si me toca y remato la pregonería) y del casi “no nombramiento” del año pasado. Es broma, Pipe… ¡más vale tarde que nunca!
Pero bueno, ¡aquí estoy por fin! Estoy tan agradecida, y emocionada, que solamente puedo decir: gracias por venir y… ¡ya podéis poner la previa del partido! ¡Ni de coña!
Los que me conocen saben que mi gran reto esta tarde es acabar este pregón sin emocionarme y sin romper a llorar. Sé que hay apuestas circulando por ahí, pero os prometo que voy a hacer todo lo posible para que las perdáis. Lo haré como reto y porque, con el fútbol pisándonos los talones, no puedo alargarme. Aun así, no garantizo nada. Por si acaso, Óscar, Alberto… estad preparados por si os toca subir al rescate.
Desde que me nombraron pregonera, he recibido sugerencias de todo tipo para mi pregón: “Hazlo cortito” (cualquiera se extiende con el partido detrás), “no nos hagas llorar” (a mí, que soy la reina del drama), “te subimos en una grúa a diez metros tipo Tu Cara Me Suena”, o “haz un Pedroche” (qué pereza…), también me propusieron bajarme en el carro de Santi desde la guardería por la cuesta de Santiago. ¡Eso sí que no! ¿Por la cuesta de Santiago hoy? ¡Si ahí no me ve ni Dios! En todo caso por la Pesquera, que es donde está todo el mundo.
Todas esas sugerencias las recogimos mi asesor de pregón, Carlos, y yo. Bueno, en realidad él solo trabajó los dos días de la fiesta, porque el resto del año no ha hecho absolutamente nada, pero la intención es lo que cuenta… gracias Carlos. Pero lo que la gente no sabía es que yo ya tenía la idea de qué quería hablar.
Me siento enormemente orgullosa de ser la primera mujer pregonera de esta nueva era de las fiestas. Por eso, me vais a permitir dedicar mis primeras palabras a rendir homenaje a las mujeres de este barrio: A las que fueron, a las que son y a las que serán. Porque mi barrio, nuestro barrio, siempre ha tenido y tiene, entre otras muchas cosas, alma y nombre de mujer.
Pienso en la tienda de Tere, en Bene, en Dolores, en Rocío, en el bar de Gloria… y en los demás establecimientos que, aunque no lleven nombre femenino, tienen al timón mujeres valientes.
En el barrio había y hay: madres, abuelas, tías, primas, hermanas y amigas que hicieron que nuestra infancia fuera maravillosa. La mía lo fue, y principalmente lo fue porque tuve a mi lado a la mujer más valiente que conozco: Gracias mamá, por darnos tanto amor, y por enseñarnos lo que es luchar, a pesar de que la vida, a veces duela… Te quiero.
Y gracias también a las mujeres que hoy siguen dando vida al barrio; esas que se mueven, organizan y, cuando llegan las fiestas, por ejemplo, son las primeras en llegar y las últimas en acostarse ¡Unas verdaderas potras salvajes! Gracias a todas.
Dicho esto, mis predecesores han contado ya muchas anécdotas de cuando éramos pequeños y de cómo era la vida aquí —unos con más gracia que otros, todo hay que decirlo—. ¡Es broma, subirse aquí es de valientes! A mí también me gustaría compartir las mías. Y eso que dicen por ahí, no sabemos si será, que yo no puedo acordarme de nada porque me pasé la adolescencia en las cocheras de Santa Marina… Así que, si en Santa Marina buscáis pregonera, ¡Ya sabéis dónde estoy!
Bromas aparte; para mí, el barrio es sinónimo de familia. Y no hablo solo de la de sangre, de la que tuve y tengo la gran suerte de disfrutar, y que me dio y me da tanto amor, y por la que tengo a una de mis hermanas mayores en la vida (gracias Moni, te quiero), sino también de la familia que se elige.
Nosotros no teníamos una sola familia: ÉRAMOS una gran familia. No teníamos una sola madre, teníamos varias. Para mí, Carolina, Isa, Lali, Blanca, Angelita… entre otras muchas, son el mejor ejemplo de ello… gracias de corazón. Tampoco teníamos un solo padre, teníamos muchos, aunque, perdonarme pero yo, al mío, no lo cambio por nada del mundo mundial. Gracias, papá, por todo, te quiero.
Compartíamos abuelos, hermanos (Pedro, Madalena, Eva…) y primos. Compartíamos juegos, meriendas de las de antes (de las de verdad, no como las de ahora), normas, heridas de guerra, broncas y muchas risas y vivencias que hacen que hoy tengamos miles de anécdotas para recordar: Bote botero, luz, pico zorro zaina, la goma, la comba…
Las calles, los portales, los túneles, los descansillos de las escaleras de cada portal eran el nexo donde se cocía mucha de esa vida de nuestra familia: Se hacía terapia individual, de grupo y directos de Sálvame Deluxe. Y aún hoy se hacen ¿Verdad Carolina y mamá? Nunca entenderé por qué no entráis a casa….. Quizás eso es otra cosa que hace especial a mi barrio.
En el barrio también sucedían fenómenos paranormales. Al menos nos pasaba a Vanessa y a mí cuando salíamos de fiesta y, por supuesto, éramos las primeras en bajar y siempre íbamos corriendo, y, noche sí y noche también, nos topábamos con las «apariciones» de nuestras madres en pijama y bata. Con suerte las veíamos en el regato, donde había algo de luz, pero otros días nos esperaban en los túneles, a oscuras. Os prometo que eso te marca de por vida. ¿A que sí, Vanessa? Un beso al cielo, Petra.
Tampoco faltaba la competición de «corrimiento de ventanas». A eso de las nueve de la noche, coincidiendo con la cena, empezaba una estruendosa coreografía sin ninguna melodía. Se abrían las ventanas de golpe y se escuchaban las voces de las madres dando el aviso definitivo: «¡Fulanito, sube para casa ya!». Y la de al lado remataba: «¡Dile al mío que suba también, que como baje yo para allá…!». Y esa estruendosa melodía se extendía por todo el barrio, como si con una, no nos hubiera quedado claro ya.
Estoy segura de que en casi todos los portales había un Steve Urkel. Yo tenía la mía particular, y qué agradecida le estoy al barrio y a la vida por habérmela dado, porque sigue siendo mi compañera, a día de hoy, mi mitad, mi amiga y mi hermana y será para siempre, estoy convencida. Susana, este pregón es tuyo y mío. Gracias por ser como eres, te quiero mucho.
En mi barrio había una época del año en la que, si ya éramos pocos, «parían las abuelas». Nuestra gran familia se multiplicaba porque venían los nietos, sobrinos y primos a veranear. Qué bonito es ver que muchos de ellos están hoy aquí sentados, y qué suerte la mía de que muchos sigan siendo mis amigos: Álvaro, gracias por volver a nuestras vidas, te queremos y te necesitamos. Y qué guay, que estas fiestas hayan sido un punto esencial de reencuentro. (A pesar de no acordarme… perdóname Pedro).
Para ir terminando, quiero dar las gracias de todo corazón a quienes hacéis posible que hoy estemos aquí reunidos (de verdad que es una currada). A todos y cada uno de los que hacéis lo que sea, para que estas fiestas sean lo que son, y a los que mantenéis el barrio vivo el resto del año, que no es tarea fácil. Sin vuestro trabajo, esfuerzo, iniciativa, tesón y cariño, paciencia y tiempo… esto no sería posible. Gracias a vuestro motor, mis hijos, nuestros hijos, a los que tantas veces les contamos cómo era la vida cuando éramos pequeños, y las personas que nos visitan desde fuera, tienen la oportunidad de revivir, aunque sea por dos días, la auténtica esencia de lo que fue el barrio.
En este sentido, permitidme una mención muy especial para mi hermano Óscar, como él es el tímido de la familia, por eso estoy yo aquí arriba y no él. Gracias, Óscar, te quiero, bro. Y gracias a tus secuaces… Teto, Pipe, Javi, Chuchi, Juanjo, Juan Antonio… y un largo etc., a vosotros también os quiero. Gracias a todos por haber pensado en mí para este momento; me llena de un orgullo y satisfacción.
Y como dice mi Amaral: «Si volviera a nacer, si empezara de nuevo, volvería a mi barrio sin dudarlo ni un momento».
¡Ahora sí! ¡Felices fiestas de Barrio Nuevo 2026 para todos y todas! ¡Disfrutad muchísimo!
¡Viva Barrio Nuevo, vivan las fiestas y vamos, España!


