17 de julio de 2026

Pregón Íntegro a cargo de Abdón Ramos con motivo de las Fiestas de Las Canteras 2026

Señores vecinos, amigos y, sobre todo, familia de este barrio que hoy vuelve a latir con más fuerza que nunca.

Es para mí un auténtico honor haber sido elegido para dar este pregón. Cuando me lo propusieron, pensé que era de cachondeo, pero al final la cosa salió adelante y, como yo no soy hombre de cagarme, he tenido que responder con orgullo y también con responsabilidad. Porque hablar de este barrio no es hablar solo de un lugar. Es hablar de mi infancia, de mis recuerdos, de mis raíces y de las personas que han hecho de este rincón mi hogar hasta el día de hoy. En este barrio me han pegado, he pegado y viceversa; este barrio me ha criado como se criaba a los niños antes.

Hoy no estamos aquí únicamente para inaugurar unas fiestas. Estamos celebrando algo mucho más importante: que un barrio que llevaba tantos años sin unas fiestas memorables, vuelve a reunirse.
Vuelve a llenar sus calles de risas, de música, de encuentros y de ilusión. Y todo eso se lo debemos a la juventud, que ha echado para adelante toda esta película.

Y eso, señores, merece un fuerte aplauso!

Organizar esto no es fácil. Detrás hay muchas horas de trabajo, reuniones, llamadas y preocupaciones de personas que dedican su tiempo de manera desinteresada. Sin el esfuerzo de la gente puntera de la directiva, este momento sencillamente no sería posible. Gracias de corazón.

Cuando era pequeño, estas calles eran nuestro parque de atracciones. No necesitábamos pantallas, consolas, ni viajes, ni centros comerciales. Nos bastaban una pelota, una bici, una «U» para los patinetes —que, por cierto, cuando la quitaron cerraron la mitad de las clínicas dentales del pueblo- y cuatro cabezudos que, cuando los pillé yo, ya estaban un poco para el desguace.

Quiero recalcar a esos fantásticos cabezudos de entonces; eran el sueño y la pesadilla de los niños.
Muchos palos nos llevamos, pero al día siguiente querías volver allí, a esperar su salida como si aquello fuera San Fermínes.

Aquí aprendimos a montar en bici, nos caímos y aprendimos a levantarnos. Aquí construíamos nuestras casetas, que eran auténticas obras de arquitectura moderna… hasta que venía la otra cuadrilla y nos las tiraba porque la suya era peor. Compartimos meriendas, secretos, travesuras y sueños. Esos sueños que hoy se cumplen cuando te reencuentras con tus amigos de la infancia tomando unas cervezas. No sé a cuántos os habrá pasado, pero ver una foto tuya con 4 años y, al día siguiente, estar tomándote una caña con esos mismos amigos… éso te llena el alma.

Muchos recordaréis aquellas tardes interminables en las que las madres llamaban desde los bancos del parque porque ya era hora de cenar, y nosotros siempre respondíamos con el clásico: «¡Cinco minutos más!». Las puertas de las casas permanecían abiertas —la mía creo que sigue igual—, los vecinos se conocían por su nombre y cualquiera podía darte un consejo, unas hostias a tiempo, o lo que hiciera falta. Éramos una gran familia. De eso te das cuenta con la edad, porque hoy te puedes tomar una cerveza tranquilamente con gente con la que tuviste mil riñas de pequeño.

Han pasado los años. Y algunos vecinos de pared con pared ya no están fisicamente con nosotros, pero siguen muy presentes. Ellos también hicieron grande este lugar, y seguro que hoy estarían felices de ver estas calles llenas de vida otra vez. ¡Va por ellos! (Pausa para aplauso)

También quiero dar la bienvenida a quienes han llegado en los últimos años, y dar las gracias de corazón a los que han peleado a capa y espada por recuperar esto, como mi amigo Mito y su esposa
Virginia, Gema, Marián, Javi, Chema y tantos otros. Quizá algunos de los nuevos no vivieron aquellas fiestas de antes, donde, hasta había concursos de recortes infantiles con carretones, pero desde hoy ya forman parte de nuestra historia.

Durante demasiado tiempo estas fiestas se apagaron, pero ahora el relevo de los jóvenes está al poder y vamos a hacer de esto un carnaval. Parecía que la tradición se había perdido, pero aquí estamos. Y os prometo, aunque me cueste un problema, que el año que viene volverán los cabezudos con sus varas.

Porque las tradiciones solo mueren si dejamos de luchar por ellas. Y hoy demostramos que cuando este barrio se une, no hay nada imposible. Al principio, con la propuesta de las vaquillas, todo eran pegas y líos… y mañana tenemos cuatro! Un día de charanga espectacular.

Ojalá estas fiestas sean el comienzo de una nueva etapa. Que los niños que hoy corren por aquí puedan contar, dentro de treinta años, las mismas historias que nosotros contamos ahora.

Disfrutemos con alegría, pero también con respeto hacia quienes trabajan para que todo salga bien y quienes luego tienen que recogerlo todo. Cuidemos el barrio como la casa que es. Participemos, animemos a los pequeños, acompañemos a nuestros mayores y hagamos que nadie se sienta solo.

Quiero terminar dando las gracias:

A mi familia, que me crió y me enseñó a querer a Las Canteras.

A mis amigos de toda la vida, con los que compartí tantas aventuras y con los que, en cuanto termine de hablar, me voy a tomar un cubata.

Y a todos vosotros, vecinos de siempre y nuevos por venir.

Olvidemos por unos días las prisas y los problemas. Salgamos a la calle. Llenemos nuestra pista de alegría… ¡y nuestros bares de dinero, jajaja!

Dar las gracias también al exctmo. Ayuntamiento de Ciudad Rodrigo y a su concejalía, en especial a Rubén Benito por hacer hincapié en este barrio y quitar todos los avisperos de la zona.

¡Viva las canteras!

¡Viva Ciudad Rodrigo!

¡Vivan sus vecinos!

¡Y viva España!

¡Que comience la fiesta!

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