3 de agosto de 2026

Pregón íntegro del Martes Chico 2026 en Ciudad Rodrigo a cargo de Borja Jiménez

El matador de toros de Espartinas realizó un pregón esperadamente taurino, con referencias claras al campo charro y al Bolsín Taurino

Buenas noches, Ciudad Rodrigo.

Permítanme que lo primero que haga sea dar las gracias.

Gracias al Ayuntamiento de Ciudad Rodrigo por haber pensado en mí para pregonar una fiesta tan especial como el Martes Chico. Gracias por abrirme las puertas de esta ciudad que respira historia, cultura, tradición y, sobre todo, una enorme afición al mundo del toro.

Cuando recibí la llamada para decirme que querían que fuese el pregonero de esta décima edición, sentí una emoción muy difícil de explicar. Porque uno, cuando piensa en Ciudad Rodrigo, no piensa solamente en una ciudad bonita de Salamanca. Piensa en una ciudad con alma taurina. En una ciudad donde el toro forma parte de la vida de sus vecinos, de sus calles, de sus conversaciones y de sus recuerdos. Y para un torero, eso tiene un valor incalculable.

En primer lugar, quiero tener unas palabras de cariño a los comerciantes; si algo he aprendido en estos años es que detrás de cada persiana que se levanta cada mañana hay una historia de esfuerzo, de sacrificio y de ilusión. Muchas veces no vemos todo lo que hay detrás de un comercio: las horas de trabajo, los madrugones, la incertidumbre de cada mes, la preocupación por sacar adelante un negocio familiar y, sobre todo, la enorme responsabilidad de mantener vivo un servicio que va mucho más allá de vender un producto. Porque un comercio no es solamente una tienda; es un punto de encuentro, un lugar donde se crean relaciones, donde se comparten conversaciones y donde muchas veces encontramos una sonrisa o un consejo que no aparece en ningún catálogo ni en ninguna pantalla.

Ciudad Rodrigo tiene la suerte de conservar todavía ese comercio cercano, ese comercio con nombres y apellidos, donde detrás del mostrador hay personas que llevan años entregándose a sus vecinos. Comerciantes que conocen generaciones enteras de familias, que han visto crecer a sus clientes y que forman parte del paisaje y de la memoria de esta ciudad. Igual que en el toreo hablamos de la importancia de la tradición y de mantener viva una forma de entender la vida, en el comercio ocurre algo parecido: si queremos que nuestras calles sigan teniendo alma, tenemos que apostar por quienes cada día las llenan de vida.

Y volviendo a la esencia taurina de Ciudad Rodrigo, quiero destacar el esfuerzo que hace este rincón por mantener vivo el futuro de la Fiesta. Porque un torero no se hace solamente delante de un toro. Un torero se hace en los lugares donde aprende a soñar. En las plazas donde da sus primeros pasos. En los campos donde pasa horas en silencio. En las personas que le tienden una mano cuando todavía nadie sabe quién eres.

Y Ciudad Rodrigo es precisamente eso: una ciudad que durante muchos años ha sabido mirar hacia el futuro del toreo.

Aquí habéis tenido una de las grandes escuelas de oportunidades para los que empiezan. El Bolsín Taurino Mirobrigense no es simplemente un certamen. Es una puerta abierta. Es una ilusión para muchos jóvenes que llegan cargados de sueños, con una maleta llena de esperanza y con la necesidad de que alguien les dé una oportunidad.

Yo también fui uno de esos jóvenes.

Yo también llegué a plazas y tentaderos buscando aprender, buscando crecer, buscando demostrar que quería ser torero.

Recuerdo mi paso por el Bolsín de Ciudad Rodrigo en el año 2010. Recuerdo la ilusión de aquellos días, los nervios, las ganas de demostrar, la sensación de estar delante de una oportunidad que podía marcar tu camino. En aquel momento quizá uno no era consciente de todo lo que significaban experiencias como aquella, pero con el paso de los años entiendes que cada paso, cada tentadero y cada plaza pequeña van construyendo al torero y a la persona.

Porque antes de que lleguen las grandes plazas, antes de que lleguen las tardes importantes, hay muchos días de esfuerzo que nadie ve.

Hay muchos inviernos de entrenamiento. Hay muchos momentos de dudas. Hay muchas veces en las que solamente tú sabes cuánto cuesta seguir adelante.

Y en ese camino, Ciudad Rodrigo representa mucho de lo que es el toreo: la importancia de cuidar a los que empiezan.

Hoy tengo la suerte de poder hablar desde otra posición. De poder mirar atrás y recordar aquellos años en los que soñaba con tardes que hoy forman parte de mi vida. Pero nunca hay que olvidar de dónde viene uno. Nunca hay que olvidar esos primeros pasos, esas plazas donde te dieron una oportunidad y esas personas que apostaron por ti cuando todavía no había nada que demostrar.

Por eso quiero reivindicar desde aquí la importancia del Bolsín Taurino de Ciudad Rodrigo y de todos aquellos que trabajan para que siga vivo. Porque muchas veces una oportunidad cambia una vida. Y en el mundo del toro, una oportunidad puede ser la diferencia entre seguir luchando o quedarse en el camino.

Yo soy un ejemplo de ello.

Mi camino no ha sido fácil. Nadie me regaló nada. Durante muchos años tuve que aprender a esperar. Tuve que entender que esta profesión es una carrera de fondo, que hay momentos en los que toca trabajar en silencio y que el toro acaba poniendo a cada uno en su sitio.

Y si hoy estoy aquí, como matador de toros, es gracias a una palabra que para mí ha sido fundamental: la perseverancia.

Seguir cuando las cosas no salen.

Seguir cuando las puertas no se abren.

Seguir cuando todavía no llega esa tarde que uno sueña.

Porque los sueños en el toreo no se consiguen solamente con ilusión. Se consiguen con sacrificio.

Hace unos años tomé una de las decisiones más importantes de mi vida. Dejé mi Sevilla natal y me fui a vivir a Salamanca. Dejé mi casa, mis raíces, mi entorno, para empezar una nueva etapa en el Campo Charro.

Muchos me preguntaban por qué hacía ese cambio. Por qué dejar lo conocido para irme a una tierra nueva.

La respuesta era sencilla: necesitaba estar cerca del toro. Necesitaba vivir el campo. Necesitaba rodearme de esa tranquilidad que tiene Salamanca, de esas dehesas infinitas donde uno aprende que el toro bravo es una lección diaria de humildad.

Y allí encontré mucho más que un lugar donde entrenar. Encontré una forma de vida.

Salamanca me ha dado mucho. Me ha enseñado a escuchar, a observar, a tener paciencia. Allí he pasado inviernos duros, días de campo, horas de preparación que nadie ve pero que después aparecen cuando uno se pone delante del toro.

Pero si hay un lugar y un momento que marcaron un antes y un después en mi camino en Salamanca, fue precisamente en una finca que para mí guarda un recuerdo muy especial: Aldeanueva. Allí, en un tentadero, sin saberlo, empezó a cambiar mi vida. El toreo muchas veces tiene esos momentos que uno no puede buscar ni planificar, pero que aparecen y abren una puerta que parecía cerrada.

En aquel campo charro encontré algo más que un sitio donde entrenar y prepararme; encontré una forma de entender el toreo, una manera de vivir esta profesión y, sobre todo, encontré a personas que fueron fundamentales en mi camino. Allí conocí a Julián Guerra, que con el tiempo se convirtió en mi apoderado y en una persona clave en mi trayectoria. Más allá de una relación profesional, encontré a alguien que creyó en mí, que apostó por mi forma de entender el toreo y que me ayudó a seguir luchando cuando el camino no era sencillo.

Y qué cosas tiene la vida, que aquel joven que llegó a Salamanca buscando una oportunidad terminó encontrando una tierra que, poco a poco, se convirtió también en parte de su casa. Salamanca me ha dado mucho: aprendizaje, amigos, momentos de campo inolvidables y, sobre todo, la posibilidad de seguir soñando cuando más falta hacía. Porque el toreo, al igual que la vida, está lleno de puertas que parecen cerrarse, pero también de otras que se abren cuando uno sigue llamando con ilusión y con trabajo.

Desde entonces Salamanca y yo caminamos juntos.

Hoy vivo aquí, convivo aquí con el toro, con el campo y con una tierra que siento como propia. Una tierra que me acogió cuando todavía estaba buscando mi sitio y que ha sido parte fundamental del torero que soy hoy.

Y por eso, estar hoy en Ciudad Rodrigo, en esta provincia, tiene para mí un significado especial.

Porque estoy en una tierra que entiende el toro. Una tierra que sabe que detrás de cada pase hay una historia. Que detrás de cada triunfo hay muchas horas de trabajo. Que detrás de cada torero hay una persona que ha tenido que luchar para llegar hasta ahí.

Quiero también tener unas palabras para los más jóvenes que hoy sueñan con ser toreros.

No tengáis miedo al camino largo. No tengáis miedo a trabajar cuando nadie os mira. No tengáis miedo a esperar.

Porque en el toreo, como en la vida, las cosas importantes necesitan tiempo.

Cuidar la afición es cuidar el futuro. Y ciudades como Ciudad Rodrigo son fundamentales para que esos sueños sigan naciendo.

Porque aquí no solamente se celebra una fiesta. Aquí se mantiene viva una cultura, una tradición y una forma de entender la vida.

Y antes de terminar, quiero agradecer de corazón a todos los mirobrigenses por el cariño con el que me habéis recibido.

Espero que disfrutéis de este Martes Chico, que disfrutéis de vuestras calles, de vuestros comercios, de vuestra gente y de esa alegría que caracteriza a esta ciudad.

Que nunca perdáis esa pasión.

Que sigáis apoyando a los jóvenes.

Que sigáis defendiendo vuestra historia.

Y que sigáis demostrando al mundo que Ciudad Rodrigo es una tierra donde el toro tiene memoria, presente y futuro.

Para mí será siempre un orgullo poder decir que una parte de mi historia también está ligada a esta ciudad.

Muchísimas gracias.

¡Viva Ciudad Rodrigo!

¡Viva el toro!

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