La memoria familiar de Lola Eiffel cobra vida en las dos sesiones de «180836 Bernarda»
El público respondió a una propuesta que combina danza y teatro documental para abordar el desarraigo, la ruralidad y la memoria emocional

La Sala Tierra acogió este viernes las dos representaciones de «180836 Bernarda», una singular creación de Lola Eiffel Company que contó con un buen ambiente de público tanto en la sesión de la mañana como en la programada a la tarde. La obra trasladó a los espectadores un relato íntimo y personal a través de un lenguaje escénico situado entre la danza, el teatro documental y la creación audiovisual.
La propuesta parte de la propia memoria familiar de la coreógrafa e intérprete Lola Eiffel, cuya abuela se llamaba Bernarda, como la protagonista de una de las obras más reconocidas de Federico García Lorca. A esta coincidencia se suma que el abuelo de la artista falleció en la misma fecha que el poeta, dejando viuda a Bernarda y con cinco hijos en Zamora.
A partir de estos vínculos, la intérprete desarrolló sobre el escenario un viaje emocional por los lugares que recorrió su familia, originaria de tierras zamoranas y posteriormente desplazada por enclaves como Irún o París. La obra convirtió así una historia particular en una reflexión más amplia sobre quienes tuvieron que abandonar sus raíces y comenzar una nueva vida lejos de su lugar de origen.
El movimiento, las imágenes y la música original se combinaron durante los 60 minutos de representación para reconstruir recuerdos, ausencias y desplazamientos vividos en los difíciles años centrales del siglo XX. La memoria emocional, el desarraigo y la realidad del mundo rural fueron los principales ejes de una pieza que evitó una narración convencional para expresarse fundamentalmente a través del cuerpo y de una cuidada composición visual.






















