«Leo» recorre un siglo de memoria y «Verano del 69» convierte Herrasti en un gran guateque
Las dos propuestas recibieron una buena respuesta, con una acogida especialmente entusiasta para el espectáculo musical de El Trío Caracol

La programación de este jueves en la Feria de Teatro de Castilla y León ha dejado dos propuestas muy diferentes, aunque unidas por la memoria y la revisión del pasado. Leo, de Teatro de Poniente, construyó en el Teatro Nuevo «Fernando Arrabal» una epopeya íntima atravesada por los principales acontecimientos del siglo XX, mientras que Verano del 69 o el guateque que nunca fue, de El Trío Caracol, transformó la Plaza de Herrasti en una pista de baile abierta a la participación del público.
Ambos espectáculos disfrutaron de una buena recepción, aunque fue la propuesta nocturna de El Trío Caracol la que despertó una respuesta más entusiasta. Su combinación de canciones populares, humor, nostalgia y participación directa consiguió involucrar a los asistentes y generar uno de los ambientes más animados de la jornada.
«Leo», una vida extraordinaria atravesada por la historia

Teatro de Poniente presentó a la tarde Leo, un cuento para adultos protagonizado por Leonardo Caruso Rosso, un hombre que decide afrontar su existencia con dignidad y guiado por el sentido de la justicia que recibió de su padre. A través de su recorrido vital, la obra propone una crónica del convulso siglo XX desde la mirada de uno de esos personajes anónimos que vivieron mucho, aunque apenas dejaron escritas sus historias.
El viaje comienza con la inmigración italiana a Nueva York durante los años veinte y atraviesa posteriormente la Segunda Guerra Mundial y sus atrocidades hasta llegar a los primeros años del siglo XXI. La historia individual de Leonardo se mezcla así con los grandes acontecimientos colectivos, mostrando cómo las decisiones políticas, las guerras y las transformaciones sociales condicionan la vida de quienes rara vez aparecen en los libros.

La propuesta combinó aventura, comedia, drama y emoción sin quedar limitada a una simple sucesión de episodios históricos. El principal valor del montaje estuvo en su capacidad para mantener el componente humano del protagonista y utilizar su vida como un hilo entre el ayer y el presente, la historia y la imaginación, la memoria y el olvido.
Escrita y dirigida por Antonio Velasco, la obra se apoyó también en el empleo de máscaras y títeres para enriquecer una narración de gran recorrido temporal. El público acompañó favorablemente esta historia sobre la dignidad, la supervivencia y la necesidad de aprovechar la vida, respondiendo tanto a sus momentos humorísticos como a sus pasajes más emotivos.
Un viaje en el tiempo compartido bajo las estrellas

La Plaza de Herrasti cambió por completo de registro a la noche con Verano del 69 o el guateque que nunca fue. El Trío Caracol planteó una experiencia músico-teatral inmersiva que recuperó el espíritu de las antiguas fiestas estivales, convirtiendo la pista de baile en el verdadero centro de la representación.
El espectáculo difuminó desde el inicio la separación entre artistas y espectadores. El público no permaneció como un observador pasivo, sino que fue invitado a bailar, conversar, cantar, recordar y formar parte de lo que estaba ocurriendo. Esta cercanía hizo que la función fuese creciendo progresivamente y que la Plaza de Herrasti terminase adoptando el ambiente de un auténtico guateque.
La música en directo y las canciones pertenecientes al imaginario colectivo funcionaron como un puente entre generaciones. Los temas fueron recuperados y reinterpretados desde una mirada actual, permitiendo que convivieran los recuerdos de quienes conocieron aquella época con la curiosidad y la participación de espectadores más jóvenes.

El humor ocupó un lugar destacado, pero la propuesta no se limitó a encadenar canciones y situaciones cómicas. Entre el tono festivo apareció también una cierta melancolía vinculada al paso del tiempo, a los cambios experimentados por la sociedad y a aquellas formas de encuentro colectivo que han ido desapareciendo.
La gran virtud de Verano del 69 estuvo precisamente en conseguir que esa reflexión surgiera de manera natural dentro de una celebración. El espectáculo habló sobre la memoria, las relaciones sociales y el valor de compartir un espacio común sin interrumpir nunca el ritmo de la fiesta ni perder la complicidad con los asistentes.
El público entró plenamente en el juego planteado por El Trío Caracol y acompañó la música, el humor y las invitaciones a participar. Esa respuesta convirtió cada nueva intervención en un intercambio y permitió que la función adquiriese el carácter único que buscaba la compañía. Más que representar un antiguo guateque, artistas y espectadores terminaron construyendo juntos uno nuevo en pleno corazón de Ciudad Rodrigo.
FOTOS/ «Leo» – Teatro de Poniente


















































































