28 de septiembre de 2026

Cuando la música de un pueblo también cuenta su historia en El Sahúgo

Representación de «Juan, el espíritu del amor» en la iglesia parroquial de la localidad

Hay pueblos que guardan su memoria en las palabras, otros en sus costumbres y algunos también en la música. En El Sahúgo, donde la tradición forma parte todavía de la identidad de sus vecinos, la llegada de “Juan, el espíritu del amor” a la iglesia de San Pedro Apóstol permitió establecer un diálogo especialmente hermoso entre la música de la representación y aquella otra que forma parte de la memoria popular.

La obra escrita y dirigida por Denis Rafter no utiliza la música como un simple acompañamiento. Las voces y los instrumentos participan de la narración, ayudan a crear ambientes, acompañan a los personajes y permiten que la poesía de San Juan de la Cruz llegue al espectador de una manera diferente.

Y eso adquiere otra dimensión en un pueblo que conoce el valor de conservar sus propias músicas y tradiciones. La música tradicional no necesita grandes escenarios para cumplir su función. Puede aparecer en una fiesta, en una reunión familiar, en una celebración o en cualquier encuentro entre vecinos, y basta que alguien la recuerde y la transmita para que continúe viva.

En El Sahúgo, esa transmisión tiene mucho que ver con las distintas generaciones. Los abuelos enseñan a los nietos las tareas del campo, los juegos y las costumbres que aprendieron de sus mayores. La música forma parte de ese mismo patrimonio inmaterial: una forma de decir quiénes somos sin necesidad de explicarlo.

Por eso la representación en San Pedro Apóstol pudo sentirse también como un encuentro entre dos tradiciones. Por un lado, la poesía de un hombre del siglo XVI que continúa siendo cantada, recitada e interpretada. Por otro, las expresiones culturales de un pueblo que conserva su propia manera de contar y celebrar la vida.

La actuación, incluida en la gira impulsada por el Área de Cultura de la Diputación de Salamanca, con el apoyo del Ayuntamiento, la Parroquia y la Diócesis de Ciudad Rodrigo, volvió a demostrar que la cultura adquiere una fuerza especial cuando entra en diálogo con el lugar que la recibe.

Porque una tradición no permanece viva simplemente porque se conserve. Permanece viva cuando alguien la vuelve a hacer sonar.

Y aquella tarde, entre las paredes de San Pedro Apóstol, El Sahúgo pudo reconocer algo de sí mismo en la música de una obra que viajaba desde otro tiempo. Quizá esa sea una de las grandes virtudes de la música: conseguir que dos memorias diferentes se encuentren sin necesidad de hablar el mismo idioma.

Una iglesia, prácticamente llena, despedía con una sonora ovación a los cinco intérpretes que disfrutaron de un público entregado y emocionado.

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