El mirobrigense José Andrés Gonzalo se despide en El Maíllo arropado por el público y su gente
Una gran cantidad de mirobrigenses se desplazaron a dicha localidad para presenciar la última tarde de este torero de plata

El torero de plata mirobrigense José Andrés Gonzalo dijo adiós a los ruedos tras 30 años de trayectoria durante la tarde de martes en El Maillo. Una despedida que se dió en el marco de la segunda novillada sin caballos que celebraba la localidad dentro de las fiestas en honor a la Virgen del Rosario, lidiándose dos novillos para el alumno de la Escuela de Tauromaquia de Salamanca Diego Ortega.
Y es que la despedida generó un gran ambiente en el municipio, pues no fueron pocos los mirobrigenses que se acercaron a arropar a su paisano en tal señalada fecha. Muy en especial su familia, que tuvo una obvia presencia destacada en el acto, así como también numerosos compañeros de profesión, amigos y el Grupo de Aficionados Prácticos de Ciudad Rodrigo, a quién dedica su tiempo de forma altruista.
Entrando en el apartado puramente taurino, inició la tarde un colorado bizco de Hnos García Jiménez en el que Diego Ortega se mostró con soltura en el capote. Al tocar banderillas todos los ojos se posaron en el mirobrigense, que ejecutó un gran par al son de un pasodoble tocado específicamente para la ocasión y llevándose una sonora ovación. Volviendo al sin caballos, este aprovechó las cualidades del novillo y ligó mucho, pero se enredó con la espada y perdió las orejas.
El segundo y último causó enorme sensación en la pequeña plaza dadas las grandes dimensiones del mismo. Un «eral» (tenía un puyazo perfectamente) negro que dio complicaciones desde el inicio dada su escasa movilidad y su actitud bronca. Decoroso estuvo Diego Ortega con el capote, mientras que el sobresaliente, Miguel García Rivero, se sacó de la manga unas chicuelinas. En banderillas el novillo no se dejó y no hubo opción para el lucimiento. Tampoco en la muleta, donde el alumno de la Escuela de Tauromaquia, que brindó el animal a José Andrés Gonzalo, poco pudo hacer, tragando quina para acabar con él con una media estocada ya que el animal se le iba al pecho.
Tras apuntillar con mucho gusto y eficacia al torete, José Andrés Gonzalo, visiblemente emocionado, puso fin a su carrera profesional al retirar sus hijas el añadido entre una ovación atronadora del coso, siendo sacado a hombros. De esta forma tan digna y torera acabaron tres décadas, pues no hizo falta que fuera ni Madrid, ni Sevilla para ganarse el respeto de la profesión y el aplauso de por quiénes realmente mereció la pena el camino.


































































