Veinticinco años sembrando esperanza a ambos lados del Atlántico
Representación de «Juan, el espíritu del amor» en la iglesia parroquial de Tamames
Hay voces que uno reconoce sin necesidad de ver a quien habla. En la iglesia de Nuestra Señora de la Asunción de Tamames, el público que asistió el pasado 12 de octubre a la representación de “Juan, el espíritu del amor” tuvo una sorpresa al escuchar, al final de la función, la voz de San Juan de la Cruz. No era la de un actor contratado para grabar unas palabras, sino la de Fernando Sánchez Tendero, el propio párroco de Tamames, que había prestado su voz a la obra.
Aquel descubrimiento ofreció una manera inesperada de acercarse a Fernando y a una labor que va mucho más allá de su parroquia. Porque, mientras las palabras de San Juan hablan de amor y esperanza, desde hace 25 años Fernando participa en una tarea que intenta convertir esos mismos principios en oportunidades concretas para quienes más lo necesitan.
La Asociación “Hijos del Maíz”, con sede en Ciudad Rodrigo, nació en 1999 y desarrolla su labor en Nicaragua, especialmente en la comarca de San Blas, perteneciente al municipio de Granada. Su trabajo se centra en tres necesidades esenciales: alimentación, educación y salud. Un comedor infantil, un dispensario médico y programas de becas escolares son algunas de las iniciativas con las que la asociación acompaña a niños, jóvenes y familias que viven en condiciones de gran vulnerabilidad. La entidad explica su misión y sus proyectos en su página web https://www.hijosdelmaiz.org
Fernando es el alma y el corazón de esta obra colectiva, que cuenta con recursos limitados y se sostiene gracias a la generosidad, el compromiso y el trabajo de muchas personas. No hay detrás una gran maquinaria, sino una red de colaboradores que, desde Ciudad Rodrigo y otros lugares, busca que la ayuda llegue a quienes la necesitan. La asociación celebra ahora sus 25 años bajo un lema que parece escrito para dialogar con la obra representada en Tamames: «25 años sembrando esperanza».
La coincidencia no es menor. En “Juan, el espíritu del amor”, escrita y dirigida por Denis Rafter y promovida por el Área de Cultura de la Diputación de Salamanca, Sor Amma recuerda que la esperanza no puede quedarse en una palabra hermosa: debe convertirse en coraje para los más débiles, en atención a quienes se sienten solos y en amor capaz de cambiar las cosas. “Hijos del Maíz” lleva esa idea al terreno de la vida cotidiana, donde una comida, una consulta médica o una oportunidad de estudiar pueden abrir un futuro diferente.
El 12 de octubre, una fecha que invita a mirar los vínculos entre España y América, permitió así descubrir una relación que se construye lejos de los discursos, mediante el trabajo perseverante y los gestos concretos. Desde Ciudad Rodrigo, la asociación mantiene un compromiso con comunidades nicaragüenses a miles de kilómetros, pero unidas por una convicción sencilla: la dignidad humana no entiende de distancias.
La representación, acogida en Tamames gracias a la colaboración local y al apoyo de la Diócesis de Ciudad Rodrigo, concluyó con una ovación del público. Y aquella voz que había sorprendido a los asistentes dejó una imagen difícil de olvidar: la de un sacerdote que presta su voz a San Juan de la Cruz en el escenario y que, fuera de él, lleva un cuarto de siglo intentando que la esperanza tenga consecuencias reales.
Porque sembrar esperanza no consiste en prometer que mañana todo será mejor. Consiste en trabajar hoy para que alguien tenga una oportunidad mañana. Y esa tarea, como la poesía de San Juan, sigue necesitando personas dispuestas a mantenerla viva.
(Javier de Prado)












