Saelices, cien representaciones y muchas historias después
«Juan, el espíritu del amor» se representó ayer en la iglesia parroquial de Saelices, celebrando su representación número cien
Saelices el Chico sabe que el tiempo deja huellas. Las conserva desde hace casi dos mil años en los restos de su villa romana, testimonio de una historia que sigue formando parte del paisaje y de la memoria del municipio. En la iglesia de San Benito, muchos siglos después, otra historia llegó para quedarse en la memoria de los vecinos: la representación número 100 de “Juan, el espíritu del amor”.
El montaje escrito y dirigido por Denis Rafter alcanzó en este municipio de la comarca de Ciudad Rodrigo una cifra que merece detenerse un momento. Cien representaciones son cien encuentros con la cultura, pero también cien encuentros con pueblos diferentes. La obra ha ido pasando de un lugar a otro y en cada uno de ellos ha encontrado un escenario distinto, una historia particular y un público que termina haciendo suyo el espectáculo.
La centésima función tiene algo de celebración, pero sobre todo tiene algo de continuidad. El Área de Cultura de la Diputación de Salamanca puso en marcha esta gira para acercar una producción profesional a los municipios de la provincia y el recorrido ha demostrado que el teatro puede establecerse durante unas horas en cualquier lugar dispuesto a recibirlo.
En Saelices, esa idea adquiere una especial fuerza. Aquí conviven las huellas de un pasado muy lejano con la vida cotidiana de un municipio de alrededor de 150 habitantes. Ahora también queda la memoria de una tarde en la que las palabras de San Juan de la Cruz, la música y la interpretación llenaron la iglesia de San Benito.
La representación número 100 permite mirar hacia atrás y comprobar todo lo recorrido, pero también obliga a mirar hacia delante. Porque esta cifra no cierra la gira. Quedan otras 25 representaciones previstas para lo que resta de año y nuevas citas ya preparadas para 2027. La historia de este montaje, por tanto, está todavía escribiéndose.
En cierto modo, hay una hermosa coincidencia entre el patrimonio arqueológico de Saelices y el teatro. Los restos de una civilización antigua necesitan ser cuidados para que puedan seguir contando su historia. Una obra teatral necesita ser representada para que las palabras de quienes la inspiraron continúen vivas. En ambos casos, el pasado solo adquiere verdadero sentido cuando alguien decide escucharlo en el presente.
La llegada de “Juan, el espíritu del amor” fue posible gracias al Ayuntamiento, la colaboración de la Parroquia y el apoyo de la Diócesis de Ciudad Rodrigo. Y cuando concluyó la representación, la ovación del público en pie confirmó que aquella centésima función no era una ceremonia de cierre, sino una celebración compartida.
Cien veces después de comenzar este camino, San Juan de la Cruz sigue viajando. Y quizá esa sea la mejor manera de celebrar un número 100: no detenerse a contar lo que queda atrás, sino comprobar que todavía hay muchos caminos por recorrer.
Y para celebración compartida la fiesta sorpresa organizada en el Ayuntamiento para todos los que habían disfrutado la representación, público e intérpretes que soplaron las velas que coronaban la tarta.
(Javier de Prado)












