La callejina Cantillana volvió a despertar en El Sahúgo con motivo de Halloween
Esa calleja antigua, con sus paredes y sus rincones llenos de historias, dejó por unas horas de ser una calle tranquila para convertirse en un auténtico túnel del terror
El pasado 31 de octubre, Sahugo vivió una tarde muy especial. Una de esas tardes que nos recuerdan que las cosas más bonitas no necesitan ser grandes, sino hacerse con ilusión, cariño y ganas de compartir.
Después del juego de «La búsqueda de la luna», llegó la aventura de Halloween. Y entonces ocurrió algo que, para mí, fue quizá lo más bonito de toda la tarde…
La callejina de Cantillana volvió a despertar. 
Esa calleja antigua, con sus paredes y sus rincones llenos de historias, dejó por unas horas de ser una calle tranquila para convertirse en un auténtico TÚNEL DEL TERROR. Sus sombras se llenaron de misterio, sus rincones de fantasmas y sus piedras volvieron a escuchar algo que siempre da vida a un pueblo: las voces, los pasos, los nervios y las risas de los niños.
Quince pequeños aventureros se adentraron en esta noche mágica, recorriendo distintos escenarios que transformaron nuestro pueblo:
La iglesia se convirtió en la misteriosa Casa de los Fantasmas.
La plaza fue el hogar de las 10 Arañas Malditas, que había que encontrar.
Las calles Gadea y Cantillana se transformaron en un cementerio maldito.
Y, como escenario especial, nuestra querida callejina de Cantillana se convirtió en ese túnel del terror que por una noche hizo que todos volviéramos a mirar hacia ella de una manera diferente.
Pero detrás de esta aventura hubo algo mucho más importante: un pueblo que participa, que colabora y que demuestra que sigue teniendo mucho que ofrecer.
Gracias de corazón a los padres y abuelos de los 15 niños y niñas que nos acompañaron, por su confianza, su ayuda y por hacer posible que los pequeños disfrutaran de esta experiencia.
Gracias también a todas las casas que colaboraron donando caramelos y recibieron a los niños con tanta generosidad. Y a quienes incluso se disfrazaron para sorprenderlos y formar parte de esta pequeña locura. ¡Qué bonito es encontrar puertas abiertas y personas dispuestas a regalar ilusión!
A veces pensamos que en los pueblos pequeños pasan pocas cosas, pero qué equivocados estamos…
En los pueblos pequeños hay mucha vida. Hay personas, recuerdos, tradiciones, ganas de hacer cosas, vecinos que colaboran y rincones que esperan una oportunidad para volver a llenarse de gente.
No necesitamos grandes escenarios ni grandes eventos. Necesitamos mantener viva la ilusión, cuidar nuestros pueblos y recordar que cada pequeña iniciativa cuenta.
Porque quizás lo más importante de aquella noche no fueron los fantasmas, las arañas o los caramelos. Fue ver una callejina antigua convertida en un lugar de encuentro, escuchar a los niños recorrerla y comprobar que, con un poquito de imaginación y la colaboración de todos, podemos devolverle la vida a rincones que forman parte de nuestra historia.
Ojalá sigamos llenando las calles de Sahugo de niños, de risas, de encuentros y de momentos compartidos.
Porque un pueblo no es grande por el número de habitantes que tiene, sino por la vida que son capaces de darle las personas que lo quieren.
Y aquella noche, la callejina de Cantillana volvió a latir.
(Noelia Oreja)



